El aumento de los costos de alimentación y la competencia de productos provenientes de otras provincias y Brasil reducen los márgenes de los productores misioneros. Desde el sector advierten sobre el impacto de las importaciones, el contrabando y las dificultades para sostener la actividad.
La producción porcina de Misiones atraviesa un escenario complejo, marcado por el incremento de los costos, la menor competitividad frente a otras regiones productoras y la presión de los productos provenientes de Brasil.
En Bonpland, donde la actividad se consolidó durante los últimos años, el costo para producir un kilogramo de cerdo supera actualmente los $9.000, según productores locales. La situación llevó a una reducción significativa de los establecimientos y de los planteles productivos.
Uno de los principales factores detrás del aumento de los costos es la alimentación. Misiones no cuenta con una producción extensiva de maíz y soja suficiente para abastecer a la actividad a gran escala, por lo que los productores deben adquirir granos y alimentos balanceados provenientes de otras provincias, incorporando mayores costos logísticos.
La competencia brasileña suma presión
A las dificultades estructurales se suma la diferencia de costos con Brasil. De acuerdo con declaraciones de Ricardo Saraceni, presidente de la Cooperativa Frigorífica de Leandro N. Alem (COFRA), el precio de la carne porcina brasileña se redujo significativamente durante el año, ampliando la brecha con la producción argentina.
Según el dirigente, mientras el costo argentino ronda los US$1,57 por kilogramo, en Brasil habría descendido desde aproximadamente 9 reales por kilo en enero hasta menos de 5 reales, por debajo de US$1.
“El precio ya no lo ponemos nosotros en función de nuestros costos, lo pone el importador”, afirmó Saraceni, quien también señaló que el tipo de cambio y el nivel de costos internos reducen la competitividad de la producción argentina.
“Estamos quedando caros en dólares”, sostuvo.
Para el dirigente, esta situación puede afectar la continuidad de las unidades productivas si los productores no logran sostener sus niveles de producción.
Más ventas, pero menor rentabilidad
El escenario presenta además una particularidad: el consumo de carne de cerdo mantiene una demanda sostenida debido a su posicionamiento como una alternativa frente a la carne vacuna.
En este contexto, COFRA alcanza entregas de alrededor de 1.000 capones semanales, según explicó Saraceni. Sin embargo, el crecimiento del volumen comercializado no se tradujo en una mejora de la rentabilidad de los productores.
De acuerdo con sus declaraciones, las familias productoras llegaron a comercializar entre 15% y 20% más, mientras que los costos operativos —incluidos combustible, electricidad, salarios y alimentación— aumentaron entre 30% y 40%durante el último año.
El traslado de esos incrementos a los precios de venta habría sido de aproximadamente 16%, frente a una inflación anual cercana al 33%, reduciendo significativamente los márgenes de la actividad.
Importaciones y preocupación por el contrabando
Desde el sector también señalan el impacto del ingreso de productos porcinos desde Brasil. Saraceni diferenció entre el ingreso formal de mercadería y el contrabando que, según afirmó, se registra en distintos puntos de la frontera misionera.
El dirigente sostuvo que durante julio ingresaron alrededor de 7.000 toneladas de carne vacuna y porcina brasileña, un volumen que habría representado un incremento del 70% interanual.
Al mismo tiempo, manifestó su preocupación por el ingreso informal de carne y otros productos sin los controles correspondientes.
Estas operaciones, de acuerdo con la advertencia del dirigente, generan una competencia adicional para los establecimientos que producen bajo las exigencias sanitarias y comerciales establecidas para la actividad.
La actividad pierde escala en las chacras
La presión sobre los costos ya se refleja en la estructura productiva de algunas localidades.
En Bonpland, Behler señaló que actualmente quedan entre seis y siete productores dedicados regularmente a la comercialización. La mayoría trabaja con planteles de apenas 3 o 4 madres, mientras que los establecimientos de mayor tamaño alcanzan entre 10 y 11 animales.
El propio Behler dejó la producción luego de haber trabajado con más de 20 madres: “Tuve que dejar de producir cerdo porque ya no cerraban los costos de producción”.
Para los productores que continúan en actividad, la crianza implica varios meses de inversión antes de recuperar el capital. Sergio Nevel explicó que producir un lechón destinado a la venta para espeto requiere entre seis y siete meses de alimentación y manejo.
La cuestión sanitaria
La preocupación del sector también alcanza al ingreso de carne sin controles sanitarios. Saraceni advirtió sobre los riesgos asociados a la comercialización informal y a la ausencia de controles veterinarios y de conservación adecuados.
Entre los principales riesgos vinculados al consumo de carne porcina sin controles se encuentran enfermedades parasitarias y bacterianas, como la triquinosis y determinadas infecciones alimentarias, además de los problemas derivados de una eventual ruptura de la cadena de frío.
Desde el punto de vista productivo, el ingreso de animales o productos porcinos sin los controles sanitarios correspondientes también genera preocupación por la eventual introducción de enfermedades que pueden afectar a la producción nacional.
Un sector que busca sostenerse
A pesar de las dificultades, la demanda de carne porcina continúa siendo una oportunidad para la producción misionera. La Fiesta del Lechón y las ventas de fin de año hacia Posadas representan importantes espacios de comercialización para los productores locales.
Sin embargo, el aumento de los costos de alimentación, la logística, los servicios y los salarios, sumado a la competencia de otras regiones productoras y de Brasil, redujo el margen disponible para las pequeñas explotaciones.
RK