Alternativa en la alimentación de porcinos

Alternativa en la alimentación de porcinos

Los productos derivados de los insectos tienen elevadas proporciones de proteína bruta, en rangos entre 40-44% proteína bruta de la larva de mosca soldado negra o hasta el 60% de la larva de mosca negra o los saltamontes, e incluso puede llegar al 70% en el gusano de seda.

En el mercado europeo, las dietas para ganado porcino se basan tradicionalmente en maíz y cebada, como fuentes energéticas, y harina de soja como aporte proteico. Debido a diversas circunstancias, incluyendo las condiciones agrícolas de producción, la necesidad de importación, la competencia con otros usos e incluso la especulación, el coste de estas materias primas, tanto entre campañas como dentro de una misma, es variable y en muchos casos alcanza precios que comprometen la rentabilidad de la producción porcina.

Como consecuencia, en las últimas décadas se vienen planteando alternativas que suplan estos ingredientes a un precio estable y competitivo, desde un aumento de la presencia en las dietas de trigo y sorgo, aunque dependiendo de la competitividad de su precio respecto al maíz, hasta la reducción de la proporción de harina de soja por otras fuentes proteicas vegetales como la harina de colza o el guisante primavera, informa CIAP.

También está incrementando la inclusión de subproductos de la industria de los cereales o de los biocombustibles, aunque la variabilidad en su composición química, su disponibilidad estacional y su escasez en nutrientes específicos limitan su empleo.

Recientemente se ha abierto el debate sobre el uso de insectos como ingrediente en dietas para animales (regulación EC56/2013), tal vez contemplados en parte por su exotismo, pero que suponen una buena fuente de nutrientes, comparable en proteína a la de la harina de soja (Verbeke y col., 2015).

Los insectos crecen y se reproducen fácilmente, son eficientes en su capacidad de conversión y pueden producirse a partir de residuos de la agricultura o la industria alimentaria, incluyendo estiércoles y excretas animales, con el consiguiente beneficio medioambiental. Además, sus desechos pueden utilizarse como abono orgánico.

Un ejemplo de ello es la mosca doméstica que puede poner hasta 1000 huevos en una semana, de los que se obtienen larvas en un periodo de 72 horas. ?i?ová y col. (2012) citan producciones entre 44 y 74 g de larvas a partir de un consumo de 180 a 650 g de estiércol.

Las especies más estudiadas hasta el momento, y a su vez los más fácilmente producibles a gran escala, son las larvas de la mosca soldado negra (Hermetia illucens) o de la mosca doméstica (Musca domestica), el gusano de la harina (Tenebrio mollitor) y el gusano de seda (Bombyx mori), aunque también se han probado los saltamontes, grillos y termitas, más costosos de producir.

No obstante, el potencial es mucho mayor: hasta 2000 especies de insectos son consumidas por diversas culturas humanas (van Huis, 2016). Para alimentación animal, el producto puede comercializarse directamente como harina de insectos enteros o como proteína insoluble, una vez desengrasado.

Detalladas revisiones de la composición de estos ingredientes han sido publicadas por Rumpold y Schlüter (2013) y Makkar y col. (2014). En general, estos productos derivados de los insectos tienen elevadas proporciones de proteína bruta, en rangos entre 40-44% proteína bruta (en base a materia seca) de la larva de mosca soldado negra o hasta el 60% de la larva de mosca negra o los saltamontes, e incluso puede llegar al 70% en el gusano de seda (Tabla 1).

Por otra parte, su contenido en grasa es variable, entre 10 y 25% de extracto etéreo, y puede llegar a ser muy elevado, hasta el 43% en larvas de Tenebrio mollitor, lo que recomendaría su tratamiento para desengrasarla. Además, muchos de ellos incluyen niveles altos de minerales, aunque en general son proporcionalmente pobres en calcio, excepto la larva de la mosca soldado negra.

Otro valor añadido que se ha citado es su potencial efecto antimicrobiano e inmunoestimulante, aún poco probado, atribuible a la quitina. Por el contrario, uno de los problemas relativos a su utilización está relacionado con su digestibilidad, que puede ser reducida si se considera el esqueleto quitinoso de los insectos, que se refleja analíticamente en niveles de fibra ácido detergente de 6-12% en gusano de seda ó 22% fibra neutro detergente en saltamontes.

Fuente: www.elsitioporcino.com

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